La violencia como un constante continum

Lo psicológico y lo social son un continuum

Tradicionalmente lo psicológico ha estado relacionado con lo emocional, lo físico y lo individual; mientras que lo social se ha asociado a lo político, lo colectivo, lo cultural y lo histórico.

Por el contrario, el enfoque psicosocial considera que las dimensiones psicológica y social se enlazan y se retroalimentan permanentemente, dando lugar a una causalidad circular. Así, el sujeto se construye en la relación con los otros y con su contexto, al mismo tiempo que las prácticas colectivas resultan de la interacción entre los sujetos en un contexto particular.

Desde esta perspectiva, la comprensión de las experiencias de las personas implica trascender el individualismo propio de la tradición psicológica, dejando de considerar al individuo como “entidad de sentido en sí misma”, y reconociendo que su construcción solo se produce en lo colectivo, en el intercambio social (Martín-Baró, 1986).

Desde lo psicosocial, la comprensión de las situaciones solo puede lograrse a partir de una lectura del contexto, en la que se integre lo emocional y lo relacional.

Estas dimensiones son interdependientes y se enlazan permitiendo una comprensión sistémica de las situaciones que abordamos desde una lógica de integralidad, en donde las relaciones no se establecen de manera lineal; por el contrario, se establecen conexiones multi relacionales.

Tal es la interdependencia, que la vida de las personas se organiza por los significados socialmente construidos acerca de sus experiencias.

El significado de cualquier vivencia dependerá del contexto, y a partir de éste, es que la persona asimila la experiencia, la integra a su mundo emocional y orienta su acción.

No hay una división latente entre el ser de cada persona y el colectivo, sino que, por el contrario, se entrelazan e interactúan uno con el otro.

La vida de las personas se organiza por el significado socialmente construido acerca de sus experiencias.

El significado de cualquier vivencia dependerá del contexto, lo cual indica que no hay una división latente entre el ser de cada persona y el colectivo, sino que, por el contrario, se entrelazan e interactúan uno con el otro.

Como resultado de esa integración, el análisis psicosocial reconoce que el individuo trasciende el individualismo y solo se construye en lo colectivo, en el intercambio social (Martín-Baró, 1986).